Diariocrítico de Colombia
Jueves 17 de mayo de 2012 | actualizado a las 01:56 horas

 
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La plata.... Y el oro. Editorial.

por el 22/02/2012 a las 05:10 horas
los créditos asequibles alimentan el consumo, el consumo engrasa la maquinaria productiva y la producción permite el sostenimiento del sistema vía los salarios.
En las últimas semanas es frecuente leer en los medios declaraciones de los principales actores económicos del país advirtiéndonos del problema del crecimiento desmedido del crédito privado y hasta se nos amenaza con la crisis europea. Sin embargo, al analizarlo con algún detalle, parece que quienes nos amedrentan con tales admoniciones no acaban de decirnos toda la verdad.

Es cierto que el crédito "festivo", como lo ha llamado algún alto cargo del Banco de la República, puede generar en el medio plazo un problema serio de impagados en la mal llamada clase media. Lo que no parece del todo indiscutible es que los fallidos vengan exclusivamente de un exceso de endeudamiento entre los asalariados.

Una parte del problema de la que no se habla tiene que ver con las infraestructuras y el desarrollo del tejido empresarial colombiano. De manera simple, la cosa es así: los créditos asequibles alimentan el consumo, el consumo engrasa la maquinaria productiva y la producción permite el sostenimiento del sistema vía los salarios. Es el método estadounidense, japonés, chino y alemán y es hacia el que apuntan las reformas en España, Grecia, Portugal e Irlanda.

Desafortunadamente, el tejido productivo colombiano es muy deficiente. Los carros son importados, los complementos TIC son importados, la industria acerera está en manos extranjeras, los manufacturados son importados y estamos manteniendo un statu quo factible hace 50 años pero sin futuro a día de hoy: somos proveedores de materias primas y consumidores de importados.

La falta de un tejido industrial e investigador que provea a la nación de valor añadido nos convierte en "vendedores" de materias primas y compradores de carísimos productos manufacturados en el exterior a los que debemos pagar el valor añadido del I+D+i  (Investigación Desarrollo e innovación) y los aranceles que una obsoleta política proteccionista de gobiernos nada visionarios han impuesto como falso escudo protector sin el debido complemento de políticas desarrollistas en el mercado doméstico.

El crédito permite el consumo y el consumo es el motor de la economía de mercado. Mas el cuento no acaba ahí: el crédito permite las compras de productos que, si son fabricados en Colombia, mueven la industria y la distribución comercial, la producción, el transporte por carretera -con las debidas infraestructuras- y producen trabajo. Y riqueza. Y desarrollo. El crecimiento del crédito para sufragar los precios y costes de bienes externalizados nos conducen a un callejón con mala salida económica.

Necesitamos autopistas, trenes de alta velocidad y estado vigilante y punitivo capaz de llegar a los confines de la nación. Necesitamos poder producir en casa y distribuirlo por todo el país sin pagar vacunas ni temer al terrorismo que nos extorsiona cuando no nos mata. Ahí es donde el estado debe poner el acento porque ahí es donde está el progreso y la bonanza económica. Y es que a veces, por agarrar la plata, se nos escapa el oro.

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