La plata.... Y el oro. Editorial.
por el 22/02/2012 a las 05:10 horas
los
créditos asequibles alimentan el consumo, el consumo engrasa la maquinaria
productiva y la producción permite el sostenimiento del sistema vía los
salarios.
El
crédito permite el consumo y el consumo es el motor de la economía de mercado.
Mas el cuento no acaba ahí
En las últimas semanas es frecuente leer en los medios
declaraciones de los principales actores económicos del país advirtiéndonos del
problema del crecimiento desmedido del crédito privado y hasta se nos amenaza
con la crisis europea. Sin embargo, al analizarlo con algún detalle, parece que
quienes nos amedrentan con tales admoniciones no acaban de decirnos toda la
verdad.
Es cierto que el crédito "festivo", como lo ha llamado algún
alto cargo del Banco de la República, puede generar en el medio plazo un
problema serio de impagados en la mal llamada clase media. Lo que no parece del
todo indiscutible es que los fallidos vengan exclusivamente de un exceso de
endeudamiento entre los asalariados.
Una parte del problema de la que no se habla tiene que ver
con las infraestructuras y el desarrollo del tejido empresarial colombiano. De
manera simple, la cosa es así: los créditos asequibles alimentan el consumo, el
consumo engrasa la maquinaria productiva y la producción permite el
sostenimiento del sistema vía los salarios. Es el método estadounidense,
japonés, chino y alemán y es hacia el que apuntan las reformas en España,
Grecia, Portugal e Irlanda.
Desafortunadamente, el tejido productivo colombiano es muy
deficiente. Los carros son importados, los complementos TIC son importados, la
industria acerera está en manos extranjeras, los manufacturados son importados
y estamos manteniendo un statu quo factible hace 50 años pero sin futuro a día
de hoy: somos proveedores de materias primas y consumidores de importados.
La falta de un tejido industrial e investigador que provea a
la nación de valor añadido nos convierte en "vendedores" de materias primas y
compradores de carísimos productos manufacturados en el exterior a los que
debemos pagar el valor añadido del I+D+i
(Investigación Desarrollo e innovación) y los aranceles que una obsoleta
política proteccionista de gobiernos nada visionarios han impuesto como falso
escudo protector sin el debido complemento de políticas desarrollistas en el
mercado doméstico.
El crédito permite el consumo y el consumo es el motor de la
economía de mercado. Mas el cuento no acaba ahí: el crédito permite las compras
de productos que, si son fabricados en Colombia, mueven la industria y la
distribución comercial, la producción, el transporte por carretera -con las
debidas infraestructuras- y producen trabajo. Y riqueza. Y desarrollo. El
crecimiento del crédito para sufragar los precios y costes de bienes
externalizados nos conducen a un callejón con mala salida económica.
Necesitamos autopistas, trenes de alta velocidad y estado
vigilante y punitivo capaz de llegar a los confines de la nación. Necesitamos
poder producir en casa y distribuirlo por todo el país sin pagar vacunas ni
temer al terrorismo que nos extorsiona cuando no nos mata. Ahí es donde el
estado debe poner el acento porque ahí es donde está el progreso y la bonanza
económica. Y es que a veces, por agarrar la plata, se nos escapa el oro.